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Chipa Barrero y los "Chicago Boy´s"



El mejor indicador de la coyuntura económica es el precio de la chipa. Desde hace poco, su precio ha llegado a dos mil guaraníes por unidad, después de varios años de resistir el aumento del costo de producción. Ahora, con el precio duplicado, refleja los embates de la inflación.

Los más eminentes economistas del mundo se han quemado las pestañas tratando de encontrar la fórmula de un diagnóstico exacto de la economía de un país; un diagnóstico que permita apreciar, en su conjunto, lo macro y lo micro, lo general y lo particular, lo derecho y lo torcido. Más de un Premio Nobel de Economía debió el galardón al perfeccionamiento de un instrumento eficaz para saber cuál es la situación. Con el respeto que todos ellos se merecen, declaro solemnemente que he encontrado una fórmula que puede describir, mejor que cualquier otra, dónde estamos y hacia dónde vamos.

Pues bien, me aseguran viajeros que circulan por la ruta que lleva de Coronel Oviedo a Asunción (desde Ciudad del Este o Villarrica) que han realizado un hallazgo desagradable: en algunos sitios, la tradicional chipa Barrero ya cuesta ahora dos mil guaraníes por unidad. El antiguo precio de mil ha sido confinado a los recuerdos de nuestros antepasados; tal vez a la época de la mítica "Chipa Kali", madre de todas las chipas y de todas las chiperas. Pues bien, el miltón por chipa, propio de los tiempos dorados, ha sido devorado por una inflación alimentada por el crónico desequilibrio presupuestario. Ese precio, amóntema. O, como diría una delicada metáfora, que habita la letra de una bella canción popular: "memoriamínte, clavel pyta" .

Cierto es también que la chipa Barrero ya había realizado una denodada resistencia para evitar este salto. Sospecho que disminuyó de tamaño, que menguó la calidad de los ingredientes, que tiene menos huevos, que es menor la cantidad del queso. Pero límites tienen las cosas. Ha llegado la hora de la verdad, la hora en que el ventarrón inflacionario (que puede convertirse en una tempestad) barre con todas las previsiones. El efecto Nicanor, con su generoso despilfarro de los recursos financieros del Estado para aceitar su maquinaria electoral, ha logrado dinamitar el precio sacramental de mil guaraníes, que la chipa sostuvo durante mucho tiempo.

Todavía no estoy seguro si los fabricantes no estén dispuestos a hacer un último esfuerzo para evitar la disparada. Pero, si eso ocurre, será a costa de la calidad. Recordemos que una chipa que se precie de tal debe llevar almidón, huevos, queso Paraguay, grasa de cerdo o manteca y hasta algo de anís, a veces. Si queremos una chipa "amestizada", como decía mi abuela, se deberá agregarle harina de maíz. Y si queremos alcanzar las cumbre de la exquisitez, algo así como una especie de caviar de las chipas, podremos mezclar cuatro quesos distintos en la base. Pero, claro, allí estaremos fuera del ámbito del gusto popular, en un territorio donde un miltón de más o menos no le quitará el sueño a nadie.

Me cuentan que en la entrada de una de las estaciones del metro de Nueva York hay una vendedora de chipa. Con este producto, que los paraguayos le arrebatan de las manos, logra mantenerse airosamente, y hasta puede ahorrar unos cuantos dólares para su retiro. En Buenos Aires también hay sitios donde se puede encontrar este plato criollo. Y ahora, seguramente podrá comprarse en España y en Australia, sitios hacia donde huyen los desahuciados de la prosperidad que trajo a la patria el amado Tendotá.

La certera ecuación económica de chipa Barrero nos demuestra dónde estamos exactamente. Y nos vaticina un futuro poco claro, porque lo que sembramos hoy fructificará mañana, y no lo impedirán los gritos, los plagueos ni las protestas de honestidad que escuchamos todos los días. Los números son contundentes, y nadie podrá desmentirlos. Allí estará la ecuación para cantarnos las cuarenta. O, con más propiedad, para reclamarnos un dos miltón.

(ABC-11-09-2007)