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Grandeza y decadencia del PLRA



El PLRA permite ver de cerca el fenómeno de la decadencia de un partido tradicional. De haber sido una escuela de cultura política, ha devenido en un clon del Partido Colorado. La práctica del canibalismo interno ha sido tan obstinada, que hoy se halla instalado el aforismo: "Para un liberal, no hay peor enemigo que un liberal".

Cuando todos se preguntan el motivo por el cual ha emergido de las sombras el liderazgo del ex obispo Fernando Lugo, yo prefiero preguntarme por qué los partidos políticos no han creado figuras similares. Es verdad que hay candidatos que pugnan por la nominación para cargos parlamentarios y hasta para la vicepresidencia de la República. Pero es como si consideraran que la presidencia del Paraguay es una presa demasiado difícil y lejana, fuera del alcance de las manos.

Lo lógico hubiera sido esperar que un liderazgo convocante hubiese surgido en el PLRA, el más importante de los partidos de la oposición. Pero el PLRA estuvo demasiado enfrascado estos años en la práctica del canibalismo interno y no le quedó tiempo para ocuparse de los problemas nacionales. Aun hoy, si usted se acerca a un correligionario corre el riesgo cierto de que éste le coma un brazo. Por eso, allí se practica con vigor el lema: "Para un liberal, no hay peor enemigo que otro liberal". Las consecuencias han sido pintorescas, para quien quiere ver las cosas con algo de humor.

Analizar al PLRA es un ejercicio de Sociología Política, que permite contemplar, en todo su dinamismo, el proceso de decadencia de un partido tradicional. Olvidado de programas e ideologías, ausente de toda cosa que implique un debate intelectual sobre la suerte del país, devino en una suerte de confederación de tribus que disputan los pocos cargos de la administración pública que les arrojan los colorados.

En plena dictadura, incluso en los duros tiempos de la clandestinidad, el Partido Liberal publicaba una serie de periódicos. Algunos eran editados en Buenos Aires, en el exilio, e introducidos clandestinamente en el país, nadie sabe cómo. Entre ellos, si mal no recuerdo, "El Heraldo". Otros eran producidos precariamente en las catacumbas. Las mejores plumas del Paraguay dejaron sus ideas en esas páginas furtivas, que se leían a puerta cerrada. Y conste que era la época que llevar al cuello un pañuelo azul era el camino más corto a perecer degollado. Después, cuando la dictadura de Stroessner insinuó una tímida apertura, apareció "El Radical" que, junto con otros periódicos ("El Enano", "Tribunal Liberal" y "La Libertad", son nombres que todavía recuerdo) difundían una prosa combativa, que no excluía los planteamientos doctrinarios y programáticos. Hoy, el PLRA no tiene ni siquiera una hojita parroquial.

Así las cosas, la dictadura del general Stroessner pasó a la historia. El PLRA resucitó de entre las cenizas como fuerza electoral, pero pronto comenzó a convertirse en una especie de clon del Partido Colorado, con todos los defectos del original y muy pocas de sus virtudes. Si hay corrupción en la administración del país, también la hay en las gobernaciones y municipios gobernados por los liberales. Si hay nepotismo en la ANR, también lo hay en el PLRA. Si hay esterilidad intelectual en uno, también ella brilla en el otro.
En el PLRA se cree, como lo cree cierta tribu indígena, que con cambiar de nombre no será alcanzado por los espíritus de los muertos, que siguen vagando sobre la tierra. Por eso fueron sepultados los nombres anteriores de PL Y PLR. También como nuestros ancestros indígenas, los liberales suponen que la adopción de un nombre ("auténtico") les hará adquirir el espíritu que se halla detrás de la palabra. Por eso, mantienen un nombre tan largo como complicado: Partido Liberal Radical Auténtico.

Todos olvidan que fue con el nombre de Partido Liberal que esta agrupación alcanzó sus momentos de mayor gloria. Y que el nombre de PLRA fue adoptado por una razón circunstancial: la inscripción en la Justicia Electoral del nombre de PLR (Partido Liberal Radical) por parte de un grupo que gozaba del favor del régimen. Lo de "auténtico" fue solo una palabra para diferenciarse del PLR y nada más.

Algún prócer sostuvo en la última convención que el nombre de PLRA fue elegido para diferenciarlo del Partido Liberal, nombre monopolizado por el movimiento encabezado por Carlos Levi. No fue así. Como se ve, hasta en los pequeños detalles se advierten las huellas de la decadencia. Es que el horror a los libros parece haber adquirido carta de ciudadanía en un partido que contribuyó, como pocos en el pasado, al enriquecimiento de la cultura política paraguaya.